Driada77 Angelus

Registrado: 30 Jun 2007 Mensajes: 315
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Publicado: Lun Jul 09, 2007 11:36 pm Asunto: Aires de Amor y Felicidad (Spangel, terminado) Premio 2006 |
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Título: Aires de amor y felicidad
Autor: Driada77
Beta: mi admirada Childe, Spikeadict
Calificación: NR-13, por palabras adultas
Advertencias: Dru no sireó a Spike. Palabras de adultos.
Pareja: SPANGEL (Spike/Angel)
Aclaración: Los personajes no son míos pertenecen a Joss Whedon, Mutant Enemy, la W.B, UPN y FOX, solo los uso para contar esta historia. La cual si me pertenece, y por la que no persigo ningún fin comercial.
Resumen: Spike piensa en cómo deseó siempre encontrar el amor y la felicidad en cada ser al que se acercaba, y cómo el destino pone un precio para ello.
***
Tumbado sobre una cama que no es la mía miro al cuerpo que ahora duerme a mi lado. Tranquilo. Sosegado. Dándome la espalda sin preocuparle nada o al menos en apariencia.
Me estiro y cojo mi gabardina de cuero del suelo, sacando un paquete de cigarrillos del bolso izquierdo y un mechero. La dejo caer de nuevo y, tras acomodarme en la cama, apoyando mi espalda en la cabecera, enciendo un cigarro dando una profunda calada para empezar. Humo que quema y abrasa dentro de mi cuerpo pero ¿A mi qué más me da? Ningún daño puede hacerme. Será lo único porque todo lo demás parece estar de acuerdo para hacerme pedazos...
Miro hacia la ventana que hay a mi izquierda. La noche aún reina en sus últimos momentos ahí afuera y la luna llena es su consorte, dejando que esta habitación oscura se ilumine tenuemente, casi de una manera fantasmagórica. Inhalo otra calada a mi cigarro y me pierdo en los recuerdos de mi sangrienta no-vida mientras mi mirada se fija en el humo blanquecino que sale de mi nariz.
El jodido destino nunca me ha dado un momento de amor y felicidad. Tal vez no me los merezca, al menos no desde que me convertí en William el Sangriento, pero ya cuando era un joven chico victoriano, humano, la vida me jodía. Nunca pude tener un poco de paz en mi corazón.
Madre era una mujer encantadora, especial para mí como nadie. Me amaba sobre todas las cosas, escuchaba pacientemente mis penosos poemas, yo era su dulce William, el único hijo de una mujer que se quedó viuda tras dar a luz. Podría haber sido feliz a su lado encontrando un amor incondicional... pero no. Ella tenía momentos en los que se encerraba en su cuarto y no dejaba pasar a nadie, ni a criadas ni a mí. Se lamentaba y lloraba por la falta de su marido, por no tener el respaldo de nadie y tener que llevar adelante sola a un hijo ante una sociedad que la miraba por encima del hombro ¿Qué significaba entonces una mujer soltera o viuda? Apenas nada, las mujeres de aquella época necesitaban un hombre con ellas para que los demás las consideraran seres capaces. Madre se amargaba en su tristeza y yo con ella porque sabía que en algunas ocasiones deseaba que yo no existiese para poder volver a casarse sin llevar tras ella un cargo ajeno que no deseaba tener ningún hombre...
Cecile. La altiva Cecile. Sonrío irónico recordándola entonces y sabiendo que luego se convirtió en un demonio de la venganza. La amaba con todo mi corazón, con toda mi alma y eso quedaba reflejado en cada uno de mis poemas. Ella era mi musa, la inspiración de todo lo que yo hacía. Pero la muy zorra se rió en mi cara. Aún puedo sentir en mi frío cuerpo la sensación de vergüenza que ella me creó delante de todos. Creía poder encontrar la felicidad a su lado pero solo encontré humillación.
Aspiro de mi cigarrillo profundamente. Llenándome del calor abrasador. Dando a mi pecho una sensación de calidez. La que encontraba por unos momentos cuando me acercaba a un humano. Sí, iba a ellos para eso. A pesar de todos estos años como vampiro, siempre añoré el contacto caliente de la piel de un vivo. Hombre, mujer, no me importaba, les seducía, follaba con ellos y por unos momentos me veía rodeado por el éxtasis, embriagado por ese calor latente en sus cuerpos y que hace más de un siglo yo perdí.
Calor que arrebató de mi cuerpo Él. Ángelus, el gran Sire del mundo de los malditos. El vampiro más temido de todos los tiempos.
Yo solo era un joven de 28 años. Inocente y tímido. Dolido y humillado por Cecile. Amargado por mi madre. Él salió a mi encuentro. Orgulloso, altanero, seguro de lo que iba a hacer. Tomó mi vida sin siquiera darme opción a negarme. Sorbió mi sangre con una rapidez que me hizo caer pronto en la inconsciencia. Cuando volví en mí todo había cambiado. Ya no era humano, ya no era el dulce William de madre, ya no era el patético poeta de Cecile. Me había convertido en el Childe de un vampiro al que pronto comencé a admirar. Me enseñó a luchar para matar, a moverme sin ser visto, a gozar sin pensar.
Ángelus robó mi vida, mi personalidad y mi virginidad. Sí ¿Qué pasa? Con 28 años aún era virgen. En la Inglaterra Victoriana en la que yo vivía estaba mal visto follar antes del matrimonio, y aunque habían burdeles donde los hombres podíamos desfogarnos, nunca me atreví a ir a uno. Era demasiado tímido entonces.
Mi no-vida se centró en mi Sire. Para mí lo era todo. Admiraba su osadía, su maldad hecha arte, su pícara sonrisa, su mirada lujuriosa. Era todo lo que yo quería llegar a ser. Puse en él mis pasos para ser feliz y ser amado. Creí que junto a Ángelus lo conseguiría... pero no, mis ilusiones duraron poco. Recibí más dolor, más humillación, maltratos de una crueldad indescriptible. La vida volvía a joderme de nuevo, tanto de forma figurada como literalmente. Hasta que mi Sire fue maldecido y por fin pude ser libre de su yugo.
Pero las cosas no terminaron ahí. El cabrón de Ángelus siempre estaba antes que yo en todo. Jodiendo mi no-vida aunque no fuera su intención, al menos no siendo consciente. Lo que yo lograba, ya lo había tenido él. Conseguí una porción de amor en Dru, pero antes estaba Ángelus, ella lo adoraba por encima de mí. Logré acercarme a la Cazadora y amarla, incluso me acostaba con ella entregando mi corazón, pero el puto de Ángelus ya lo había hecho primero. Él estaba por encima de mí en todo. Apostaría a que si me hubiese follado a Xander él ya se lo hubiese tirado antes ¡Maldito psicópata! ¡Nunca me deja en paz!
La cama se mueve ante el ligero cambio de postura de quien duerme al otro lado bajo las sábanas. Si la felicidad se encuentra en algún sitio debe ser en sueños, al menos en su mayoría. El humo del cigarro se expande ante mí, en forma de aros que hago jugando con él en mi boca y garganta. Igual que hizo la Cazadora conmigo: jugar.
La amé como nunca amé a nadie. Ella estaba por encima de lo que sentí por Cecile, por Dru, por Ángelus, incluso por el amor que sentí por mi madre. Muchos creen que mi forma de ser cambió por el maldito chip que me pusieron, pero no, cambié por ella. Por intentar ser bueno ante sus ojos, por conseguir llegar a su altura, para lograr ser merecedor de su amor. Me desviví como nunca por Buffy y ¿Qué conseguí con ello? “Conveniencia”. Mis esperanzas estaban puestas en tener una relación con la Cazadora. En convertirme en su compañero, en convertirla en la dueña de mi amor y yo en el suyo, en conseguir la felicidad a su lado... fantasía de un vampiro que hasta consiguió un alma por ella.
Golpes, insultos, reproches, menosprecio, más humillación. Eso conseguí de la puta Cazadora. Otra vez el destino volvía a darme una patada en el culo.
Ahora estoy aquí. En la oscuridad de un cuarto que no es mío pero que me acoge cada noche. Fumando un cigarro que se está terminando pero que apenas me importa porque ya encuentro el calor en otro sitio. En los brazos de la persona que ahora tengo dormida a mi lado. La noche se está terminando y el sol comienza a despuntar afuera. Mi amante vuelve a moverse y se gira hacia mí, pasando su brazo alrededor de mi cintura pero sin abrir los ojos en ningún momento. Su abrazo frío es el más caluroso que yo podría tener.
- ...No fumes en la cama, Spike... - Le escucho decir tranquilamente, sin mirarme, dejándose aún acunar por el sueño.
- Buenos días a ti también, Peaches
Con mi mano acaricio su brazo terminando el cigarro. Lo apago en el cenicero que tengo dentro del cajón de la mesita. A Ángel no le gusta que lo tenga a la vista, no le gusta que lo tenga ni siquiera escondido, pero aunque se queje de que fumo, me lo consiente como un capricho más. Algo que disfruto con él son las pequeñas peleas que tenemos por mis manías, discutimos hasta acaloradamente, pero nunca llegamos a hacernos daño ¿Qué le vamos a hacer? Al fin y al cabo somos vampiros y, con alma y sin ella, nos gusta notar la adrenalina correr por nuestros cuerpos cuando peleamos. Ángel finge que mis cosas le molestan y yo finjo que me siento herido con ello. Aunque parezca que no, mi Peaches es un buen actor.
Me acuesto de nuevo bajo las sábanas, de lado, dejando que él se abrace a mi espalda. Acurrucados como dos amantes que confían entre ellos y poco les importa el resto del mundo que les rodea, sintiendo sólo amor. Sí, porque eso es lo que ahora tengo en mi no-vida: AMOR.
Nunca hubiese pensado que el verdadero amor lo iba a encontrar con él. A quien he odiado durante muchos años, quien me humilló y maltrató sin alma, y el que me ama y cuida con ella. Él me hace sentir seguro en este mundo, valioso como hombre vampiro, ya que aunque todos me vean como un monstruo, nunca he dejado de sentirme como un hombre. No humano pero sí un hombre y ante Ángel nunca he tenido que luchar por conseguir que me viese como tal, él ya sabe que lo soy por encima del vampiro, igual que él lo es para mí también.
Tengo 126 años, y ahora, después de tanto tiempo de búsqueda y lucha, tengo a alguien que me hace sentir vivo en mi muerte, consolado en mi dolor, valorado de igual a igual. Encontré el amor pero ¿Le felicidad? No, esa no llega ni creó que llegue nunca. Amo a Ángel con cada poro de mi piel y él me demuestra lo mismo, pero hay un abismo a nuestros pies por el que luchamos para no caer. Un abismo demasiado peligroso para ambos y, para ironías de la vida y para el caprichoso maldito destino, este abismo es la misma felicidad. Sí, la felicidad completa que puede llegar a sentir Ángel, esa felicidad que nos destruiría a los dos, la que nos haría desgraciados. La maldición que el Peaches tiene sigue latente, acecha a nuestro alrededor, en cada beso, en cada palabra dulce y sincera, en cada muestra de cariño que nos regalamos. Y aunque sentimos todo lo que nos damos, tenemos miedo a perderlo, por lo que nos amamos sin ser felices.
Ángel lucha contra viento y marea por no perderse, por controlar su más profundo sentimiento, por que su corazón siga albergando un trozo de negra y oscura tristeza. A veces siento que desea acariciar mi mejilla, sonreírme mirando a mis ojos con la infinita felicidad que tanto anhelamos, pero no lo hace... y entonces soy yo quien toma su puesto, quien hace realidad esa caricia en su piel, esa mirada en sus ojos, porque él tiene que seguir en la batalla, no puede bajar la guardia... por lo que tenemos... por mí. Sí, lo hace por mí. Lucha con todas sus fuerzas por seguir amándome, sufre por ello, pero aquí me tendrá siempre para apoyarle, para hacerle levantar cuando decaiga... para amarle por encima de todo porque por fin tengo en mi no-vida a mi alma gemela, a la tinta que da a luz a mis mejores poemas.
A pesar de todo esto, aunque no pueda decir que soy feliz completamente, estoy contento por tenerle, alegre por sentirle y, aunque mis pensamientos como vampiro suenen a blasfemia y sacrilegio, hago un guiño a Dios porque tengo a mi lado al más maravilloso de los ángeles que habitan la tierra.
Fin
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